A ochenta años de que Lucila Godoy Alcayaga — nuestra Gabriela Mistral — recibiera el Premio Nobel de Literatura, el Directorio Nacional de ANFUCULTURA desea unirse con afecto y admiración a los homenajes que se despliegan a lo largo de Chile. Recordamos no solo la grandeza de su obra, sino también los valores profundamente humanistas que marcaron su vida y su legado.
Gabriela Mistral fue una figura esencial en la construcción de un Chile más justo. Su pensamiento, su vocación por la educación pública y su sensibilidad frente a la dignidad humana siguen siendo una brújula ética en tiempos complejos. En los territorios donde vivió, en las escuelas que inspiró y en la diplomacia que ejerció, dejó siempre una huella de generosidad, claridad y compromiso.
Hoy, al volver a mirar su trayectoria, encontramos una voz que sigue hablando al país. Una voz que nos recuerda la importancia de nuestras raíces, de la tierra que habitamos y de la cultura que nos sostiene. Nos alegra ver cómo nuevas generaciones la reconocen y estudian, haciendo crecer el interés por su vida y obra y abriendo caminos para comprenderla con nuevas miradas.
Su pensamiento —centrado en el acceso universal al conocimiento y en la fuerza transformadora de la lectura— dialoga estrechamente con los esfuerzos actuales para fortalecer el hábito lector. Su legado ilumina los Programas del Libro y la Lectura del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, iniciativas que, como ella, buscan democratizar el libro y llevar la lectura a cada rincón del territorio. En la obra mistraliana encontramos no solo una expresión profunda de nuestra identidad, sino también un impulso vital para el desarrollo cultural y social de Chile.
Que el ejemplo de Gabriela Mistral, su compromiso, su trabajo incansable y su amor por la humanidad continúen inspirando nuestras tareas diarias. Que su poesía, siempre viva, siga tocando mentes y corazones, acompañándonos con su luz en este país que ella amó tan profundamente.
